El álbum de la semana: Hundred Waters – Hundred Waters

Hay música que no está concebida para sonar en las radios pero que, por cosas de la vida, acaba sonando. Lo de ser independiente es algo que se puede poner en duda a menudo, pero que, afortunadamente, sigue concediéndole libertad creativa a muchos artistas. Es el caso de Hundred Waters, un grupo de Florida que ha publicado un LP debut sin ningún tipo de restricción. Y eso se nota en el resultado.

El álbum homónimo abre con "Sonnet", una canción que podría etiqutarse como folk norteamericano con toques de dream pop, con algunos arreglos orquestales muy interesantes y con una voz susurrante que deja mella. Sin embargo, la cosa cambia a continuación, con "Visitor", un tema muy sintético que recurre a la electrónica y a la creación de atmósferas oníricas para atraparte con melodías minimalistas.

Probablemente con el paso de los minutos te acabes preguntando "¿qué estoy escuchando?", y más cuando de repente te topes con un ritmo de dubstep venido a menos con todo un arsenal de sintetizadores detrás y una línea de voz que se camufla en la maraña de sonidos. Hablamos de "Me & Anodyne", un corte extraño y difícil de digerir.

Si has pasado la prueba de fuego de la canción anterior -quizá una de las más experimentales del disco-, entonces ya puedes sentarte a disfrutar de un buen disco de pop, electrónica y minimalismo. "Thistle" muestra la combinación justa de experimentación con armonías agradables y con capas sonoras muy interesantes. "Caverns" parece sacada de un recopiltario de música relajante. Su estructura ambiental no es apta para escuchar en momentos que requieran de mucha actividad, pero nadie nunca dijo que toda la música esté hecha para vibrar.

Uno de los mayores aciertos de Hundred Waters es la recreación de atmósferas y la buena distribución de la dinámica de las canciones. Tratándose en su mayor parte de temas con estructura minimalista, si no tuvieran variaciones acabarían siendo aburridos. Sin embargo, los momentos de climax son contrapuestos a otros de tranquilidad sonora, donde la música descansa junto con nuestros oídos. Puede servir de ejemplo "· · · — — — · · ·", un tema que, aparte de tener un nombre difícil de recordar, tiene una estructura asimétrica y unas melodías especialmente trabajadas, sobre todo en el último tercio, donde las voces muestran un interesante juego armónico.

Aunque no está planteado como disco conceptual, hay algunas canciones que casan muy bien entre sí. Tal es el caso de la anterior y "Boreal", que recupera el espíritu pop que se echó en falta en su "compañera" precedente. Y es que, como hemos dicho, el grupo se ha dedicado a componer sin trabas, creando estructuras muy libres y vivas. El problema de no pensar en la radio es que tal vez a veces se les vaya la mano con composiciones demasiado enrevesadas, pero no por ello menos interesantes.

La propuesta musical de esta formación de Vancouver es para escuchar al menos una vez, sobre todo para hacernos a la idea de todo el mundo de posibilidades que hay más allá del mainstream. Todos tenemos días en los que nada nos encaja, es entonces cuando deberías probar a darle al play a este álbum.

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En CD Baby o en Elestial Sound.

Tres canciones recomendadas

"Sonnet", "Thistle", "Are/Or".

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