La corta y eufórica huella de God is an Astronaut a su paso por Madrid

Fue corto, un concierto demasiado corto (apenas 80 minutos) para una banda con suficiente repertorio –cinco discos- a la hora de alargar su presencia sobre el escenario. Había ganas de más, pero la cita no supo a poco porque los God is an Astronaut firmaron un gran directo durante la noche del pasado jueves en la sala Arena de Madrid. La banda irlandesa realizó un acto de entrega artística y personal sobre el escenario, ofreciendo un exquisito sonido y esa soberbia fluidez instrumental tan suya, ese no se qué, esa personalidad que le distingue de otras propuestas similares como Mogwai o Explosions in the Sky.

Cuando cantan los instrumentos, sobran las palabras. Los gemelos Kinsella (Torsten y Niels), Jamie Dean y Lloyd Hanney se aplicaron para que así fuese, creando con la guitarra, el bajo, la batería y los teclados esa montaña rusa musical tan propia de sus canciones. Demostraron sin cesar esa capacidad que tienen para que nuestras cabezas se muevan sin parar con guitarreos y melodías sumamente rockeras y, en apenas un segundo, romper los esquemas, detener el tiempo con una nota en sus teclados o ese punteo que te traslada a otra dimensión. La puesta en escena quizá fue demasiado sobria, con escasa presencia de las proyecciones, pero los aplausos tras cada tema, la hipnosis colectiva durante los mismos y las palmas que surgían en cuanto había una petición desde arriba pusieron de manifiesto que la entrega era absoluta y agradecida en una sala que no estaba llena, aunque había bastante gente.

Entre ellos estuvo Juan, un gran fan de la banda que se hizo 400 kilómetros desde Pola de Lena (Asturias) para verles. Este joven músico de 21 años (está en cuatro bandas de su localidad natal) relataba su experiencia tras verles en vivo por primera vez. “El concierto me ha parecido una pasada, mejor que en los discos. Los conocí hace cuatro años y me encantaron. Creo que tienen un sonido muy original y con mucha personalidad dentro de lo que es el post-rock. Me recuerdan a grupos como Mogwai, pero suenan a ellos mismos, con ritmos más rápidos y cañeros”.

Su amigo Noel, que vive en Madrid haciendo prácticas de radioterapia, fue el culpable de que Juan conociese a los God is an Astronaut. Para él, el directo estuvo “bien, pero me esperaba otra cosa. Más rollo Explosions in the sky, con más subidones y pantallazos. Igual tenía el listo muy alto”. Descubrió la música de estos irlandeses en casa de su amigo Jorge, acompañante de Juan en el viaje desde Asturias, viendo vinilos en la época del All is violent, all is bright (2005).

Ahora, toca esperar a que salga ese próximo disco que propicie una nueva gira. Mientras tanto, las notas y sensaciones de una noche mágica formarán parte de sus recuerdos.