The Jon Spencer Blues Explosion, una apoteósica y distorsionada revolución

La música es infinita y resulta imposible conocer todas sus manifestaciones. Por ello, siempre he considerado que un aspecto fundamental para estar bien enterado y recibir buenas influencias es rodearte de buenos amigos que te abran los oídos, aunque nada es posible sin una predisposición personal. Un buen amigo y mejor melómano me comentó hace tiempo su fogoso interés por ver a los neoyorquinos The Jon Spencer Blues Explosion en su concierto de la Joy Eslava (Madrid). Tocaban este viernes 16 de marzo. Escuché con interés algunos álbumes de la banda, aluciné con el recopilatorio Dirty Shirt Rock 'n Roll: the First Ten Years, acudí al evento y acabé estupefacto.

Estupefacto por el conciertazo que regalaron Jon Spencer, Judah Bauser y Rusell Simins. Fusionan punk y blues como si ambos estilos formasen parte de uno solo, desarrollado de un modo sobresaliente en el plano instrumental. Son capaces de alternar ambos ritmos, tan aparentemente distantes en su ejecución y personalidad escénica, durante un mismo tema. Sin embargo, nunca pierdes su sensacional línea melódica, pese a la potente distorsión que le imprimen a unas notas que fluyen con la naturalidad de esta banda tan maravillosamente clásica en la propuesta sonora como ‘underground’ a la hora de comportarse artísticamente desde los 90. Revolución y reflexión. Reflexión y revolución. La gente se lo pasó en grande, saltando cuando tocaba, moviendo sus cabezas de arriba a abajo como muñecos de Barrio Sésamo y ejercitando de un modo machachón una de sus dos piernas. Así lo recoge el libro gestual de ‘cómo me muevo dependiendo de lo que escucho’.

Jon Spencer es una eminencia allá arriba y sus dos compañeros también merecen mil reverencias. Fue sobrecogedor lo que hicieron estos tres señores, dos guitarristas y un baterista, sobre el escenario dando, sin querer, una lección de cómo se comporta un músico en directo, transmitiendo todo lo que sienten y saben a través de las canciones, alentando al personal para que se integrase en la ceremonia. Por un par de horas, olvidé toda esa negatividad en la que desgraciadamente vivimos durante los últimos tiempos.

A partir de ahora, habrá que recetar unas sesiones de The Jon Spencer Blues Explosion para que cambiemos de actitud y luchemos por lo que queremos, siendo conscientes de lo que valemos. Probablemente esto no tenga nada que ver con lo que dijeron o hicieron durante el espectáculo, pero es el mensaje que llegó a mi interior. Por eso lo comparto. Todavía no nos han quitado la música y nunca podrán hacerlo. Su valor es incalculable como medicina de curación y de terapia para afrontar todo lo que nos pongan por delante.