Arctic Monkeys y Björk: esas cosas de los cierres

Luego de una agitada primera jornada en la cual padecimos un tremendo calor que apenas aflojó a la noche, habiendo tenido la oportunidad de sorprendernos con diferentes bandas como Thievery Corporation, Gustavo Cordera, Electrodomésticos entre otras, faltaba la frutillita del postre, esa especie de luz guía que empujaba todo hacia el gran cierre del primer día del Lollapalooza Chile 2012. Ese cierre estaba a cargo, primero, de Arctic Monkeys, segundo, de Björk.

Los primeros funcionan como esas bandas que tienen un fuerte auge al momento de sacar un excelente disco como Suck It and See y de, además, tener todavía un amplio margen de edad como para seguir sorprendiéndonos: Arctic Monkeys no son para nada una nueva banda, pero eso no quita que siga siendo una banda joven no sólo por la edad de los miembros sino también por la propuesta musical que llevan adelante… Un sonido heredero de toda esa movida Retro Rock de la década pasada que no se estancó y sigo insistiendo con un trabajo que va por la misma línea y que, encima, se pone mejor con el paso del tiempo, como si estuvieran afilando con maestría sus armas de siempre.

En lo que se refiere al show, no pudimos ver gran cosa: comenzó de una manera demoledora con clásicos de toda su producción mechados con algún que otro tema nuevo, hasta el punto de recuperar temas de su primer disco como el infaltable hit “I Bet That You Look Good On the Dance Floor”. Pasada la impresión de los primeros temas, el sonido empezó a notarse flaco, como falto de volumen, cosa que no afecto a la gran mayoría de fanáticos que todavía alentaba a su banda favorita y no dejaba de corear cada una de las canciones. Los Monkeys dieron un show que, para gran parte de los jóvenes de 19 y 20 años en el recital, habrá resultado memorable, pero que para otros mostró esta deficiencia técnica que opacó lo que, de movida, prometía ser un excelente recital.

A eso de las 21:30 hs, terminado el recital de los Monkeys, la cantidad de personas asistentes mermó pero casi les diría que para comodidad de los que se disponían a disfrutar de Björk: a pimera parte de la presentación pudo ser vista desde un cómodo espacio verde ubicado frente al escenario, un tanto lejor pero no por eso menos incómodo o imposible para ver el despliegue de videos y sonido de la mítica cantante. Muchos auguraban, yo incluído, que el show de Bjök iba a ser para unos pocos, selectos espectadores que tuvieran algunos discos escuchados de antemano, pero, pese a que la cantidad de “jóvenes/adolescentes” entre los espectadores bajó, eso no significa que varios se hayan quedado para ver de qué se trataba esto de Björk. Contaba también con el hecho de que le propia cantante tiene una particular fama de ser una persona con un carácter fuerte, pero la verdad, tanto lo anterior como esto que escribo son mitos alimentados por determinado tipo de prensa que leí sencillamente por estar fanatizado con su música y teniendo en cuenta la muy lejana posibilidad de algún día verla. Llegó ese día y, la verdad, fue excelente.

Las canciones que ejecutó sobre el escenario fueron excepcionales: repasó parte de sus últimas producciones y no abandonó ningún clásico infaltable, como “Hunter”, “Jóga”, un atronador “Raise Your Flag” y un bis desprendido, luego de un largo tiempo sin subir al escenario, que dejó a todos con ganas de más: “Army of Me”. La artista en cuestión, además, intereactuaba con el público, pidiendo perdón por su español, agitándose sobre el escenario con cada beat, invitando a bailar y a moverse: al final de cada tema, un agudo y frágil “gracias” salía del escenario y dejaba encantados a todos… No podíamos menos que sentirnos cautivados por esa presentación.

En términos de disposición visual, el show contó con una serie de videos que acompañaban las canciones y convertían a cada tema en lo que son: una línea de fuga hacia lo inhumano, y no digo aquí que por eso hablemos de una reducción de sentimientos o frialdad para con cualquier cosa que tenga gusto a humanidad, sino todo lo contrario: la música de la cantante busca “olvidar” lo humano y quedarse con sentimientos y sensaciones desprendidas que conectan con lo molecular, con lo universal, con las placas tectónicas y el espacio, con un virus contagiando a una célula, con paisajes inmensos recorridos en un pestañeo. Todo esto acompañado por sólo dos músicos en el escenario y un largo grupo de coristas que bailaba y se agitaba con cada tema al mismo tiempo que acompañaba con sus cantos cada una de las canciones de Björk, funcionando como un instrumento más.

El cierre del día de ayer fue antológico: con Björk y Arctic Monkeys, la gran mayoría del público salió absolutamente sorprendida de lo que habían visto, y eso que no contamos que, en el día de hoy, ya tenemos bandas que, sin haber tocado una nota, despiertan un fanatismo sin igual.

Fotos Björk --planos cercanos--: RPP
Fotos Arctic Monkeys --planos cercanos--: Rock and Pop Chile