Reseña: Keane – Strangeland

Hay un punto de quiebre en la vida de cualquier banda: ese que divide los comienzos de un grupo y el futuro posible, que dice: esto es lo que soy y esto es lo que nunca seré. También existe un momento en la vida de una agrupación en la que esta se ve obligada a aceptar, para bien o para mal, cuáles son sus fortalezas. Y esos son precisamente los momentos que ayudaron a Keane a definir lo que sería su nueva producción: Strangeland, editada a principios de este mes y que marca su vuelta luego de cuatro años de semidescanso (considerando la gira y EP que hicieron y lanzaron en el intermedio).

Porque esta nueva producción ve el regreso de la banda a sus primeras andanzas musicales, esas que no sólo los pusieron en el mapa sino que llevaron a muchos a compararlos incansablemente con Coldplay. Ahora, yo supongo que muchos (especialmente los fans) ya se cansaron de escuchar dichas comparaciones y de contestar a su vez que las agrupaciones son completamente diferentes, pero lo cierto es que hay similitudes y no podemos dejar de recordarlas. Al final la pregunta obligada es ¿qué separó a Coldplay y Keane en el camino? Porque si hay otra cosa que este nuevo intento nos ha venido a recordar es que ambos conjuntos tomaron diferentes caminos en la bifurcación.

Curiosamente, ninguno de los dos han venido haciendo lo que se dice producciones perfectas. Que a Coldplay le funcionaron, es un hecho, pero sus dos últimos discos, con todo y que tienen muy buenas canciones, también tienen momentos muy flojos. No obstante, el cuarteto ya está en el mundo de los grandes estadios y los millones de fans. ¿Y Keane? Aquí es donde viene la parte curiosa, pues ambas bandas decidieron comenzar la experimentación en la tercera producción. Por supuesto, para Coldplay esto sólo fue el inicio de lo que posteriormente se convertiría en su gran álbum hasta la fecha (Viva la Vida...), mientras que a Keane la apuesta no le salió tan bien.

Y es que si bien no podemos decir que al grupo de Tim Rice-Oxley le falta fama (de hecho, este nuevo intento arrancó muy bien en la lista de ventas) su crecimiento ha sido ciertamente mucho más orgánico que explosivo. Además, y tenemos que aceptarlo temprano en esta reseña, su cuarta producción no es necesariamente lo mejor que le hemos escuchado. Al grupo lo dejamos experimentando con la electrónica e influencias variadas como Madonna y Bowie en Perfect Symmetry, su anterior producción. Después vimos un lado rap-electrónico que tampoco acabó de convencer a nadie en Night Train.

Y así pasaron otros dos años, tiempo que la banda utilizó para reafirmar su vocación, engrosar sus filas con Jesse Quin, un viejo colaborador que ahora ya es miembro permanente del grupo, y decidir que lo mejor era dar un paso atrás y dejar de lado todo aquello que no eran para hacer lo que mejor saben hacer. Ya lo dijo Tom Chaplin en una entrevista reciente: "Creo que este disco es el sonido de una banda tocando con sus fortalezas".

Y sí, porque Strangeland incluye esas bonitas melodías pop a piano que nos introdujeron a la agrupación allá por 2004, pero con elementos que muestran a una banda reanimada que ha descubierto lo que no es y lo que sí puede ser. Musicalmente podría ser una mezcla entre la tranquila belleza de su primer intento y la energía del tercero, aunque más apegado al principio.

El álbum entonces nos muestra un pop bonito, de muchos pianos, teclados y sintetizadores, una producción muy bien hecha y vocales tremendamente convencedoras. Pero, a diferencia de lo que el ahora cuarteto nos enseñó en su debut, este nuevo trabajo incluye también un positivismo y una energía nueva, ya no más melancolía, ni odio, ni tristeza por las adversidades de la vida. En buena parte de las entrevistas que la banda ha hecho para promocionar este disco, los muchachos han hecho mucho enfásis en cuánto a cambiado su vida ahora que ya están en la mitad de los 30. Y esto es obvio cuando se escucha este disco, pues en él están presentes la madurez y la sabiduría para verle la cara buena a los puntos bajos, algo que uno aprende (¡supongo!) con el paso de los años.

Tom también ha definido a esta placa como un álbum sobre tratar de encontrar esperanza y ánimo aún en las peores épocas, algo que es tremendamente notorio en las letras desde "You are Young", el track que inicia este nuevo recorrido y en el que la agrupación habla de tomar con alegría el peso de los años y ofrece un consuelo para esa carga. Esta también es un ejemplo de parte de lo que el grupo nos ofrecerá más adelante: melodías apegadas al libro de "Cómo hacer un track pop-indie perfecto para la radio", pues en sus minutos se muestran todas las partes de la lista: melodía pegajosa al piano, coritos para gran estadio en la segunda parte y un buen ritmo que ya te tiene moviendo los pies para cuando arrancan los "Oh oh oh oh".

En la misma vena está "Disconnected", melodía que, aunque no es tan impresionante como los mejores tracks de sus anteriores trabajos, es la que más se acerca a maravillas como "Everybody is changing". Aquí la banda repite la fórmula del pop bien arreglado y una melodía apasionada perfectamente cantada por Tom Chaplin que habla una relación que por momentos se siente como una casa vieja que en algún punto fuera a caer. Según Tim, la letra está inspirada en su relación marital, sin embargo, bien puede servir para amistades viejas o nuevas. Lo confieso, y lo digo de una vez, es mi favorita del disco, sin duda.

Por el mismo lado andan "In your Own Time", "On the Road", con su sabor a gran concierto y una melodía tremendamente movida; y "Day Will Come", canción con aire de estadio que ayudará a la banda a prender a su público en medio del concierto y que definitivamente sobresale como otra de las grandes de la producción. Además, muestra una de las grandes inspiraciones de este disco: los sueños y la revisión de los mismos con el paso de los años. Es decir, en este trabajo la banda, y en especial Tim, su compositor principal, parece haber hecho una revisión del gran sueño de dedicarse a la música, lo que ha pasado con ellos a lo largo de los años y, finalmente, la aceptación de lo bueno y lo malo de este largo camino les ha traído y que ahora llevan con la adultez encima.

Por lo mismo, hay numerosas letras en envoltura pop sobre ser positivo y mantenerse fuerte en el camino como "Silenced By the Night"; otras que dan vistazos al pasado como "Neon River" y "Soverign Light Café", la primera quizá un poco más tranquila, pero ambas en un ritmo medio y con remembranzas tanto a los ríos londinenses con sus luces neón y promesas de un posible aunque incierto futuro, como a los lugares que la banda conoció en su juventud y que reflejan al mismo tiempo sus inicios.

En este recuento, la única que se separa del sonido pop bonito del álbum es "Black Rain", inspirada por la guerra y que ofrece guiños al pasado electrónico de sus dos últimas entregas, representando incluso una especie de esfuerzo por experimentar, todo con muy buenos resultados. Finalmente tenemos baladas como "The Starting Line", que define el espíritu del disco sobre tratar de encontrar la luz en los momentos oscuros; "Watch How you Go", muy parecida pero más bonita por su melancólica letra en la que le da una digna y elegante despedida a un viejo amor que ahora tiene que seguir adelante. Finalmente "Sea Fog", con la que cierra el disco y que trabaja poco a poco para llevarnos a buen puerto con toda la niebla ya detrás.

Esto claro si no contamos con la versión de lujo, en la que vienen la bonita balada que le da nombre al disco, la pegajosa y súper popera "Run With Me", la experimental-rockera "The Boys" y el bello vals titulado "It's not True", que a mí me hubiera parecido una mejor forma de cerrar este disco. Las cuatro, he de decir, conservan el mismo nivel que sus compañeras que sí aparecieron en la versión final, aunque también le dan un aire de "ya duró demasiado" si no eres muy fan de la agrupación.

Cerremos entonces. Strangeland es en conclusión el regreso de la banda a sus inicios pero con algunas enseñanzas ya aprendidas. No hay innovación pero sí un buen uso de los recursos y de las fortalezas que la banda ha adquirido a lo largo de los años. Por momentos el álbum se siente un poco torpe, y la verdad es que ninguna de las canciones tiene la grandiosidad de sus primeros intentos. Además, uno se queda pensando a veces si este disco no lo escuchamos antes o si las baladas no son demasiado parecidas entre sí, algo que también pasa a veces con las melodías más movidas, en especial porque muchas de ellas fueron compuestas casi al mismo tiempo.

7.5/10

Y sin embargo... no es un entrega mala en realidad. El asunto es que, con todo y que yo nunca he sido gran fan de Keane, me encontré a mitad de este disco con que me gustaban las canciones y que incluso había melodías a las que francamente no te podías resistir demasiado, pues había que comenzar a mover los pies y la cabeza en sintonía. Hay un encanto muy orgánico en la música de esta agrupación, esa que mis favoritos (Coldplay) perdieron hace mucho con sus experimentos y demás.

Ese es el asunto. Al final, lo cierto es que al cuarteto no le fue muy bien con la crítica (en promedio es el larga duración de ellos que más bajas calificaciones ha tenido en Metacritic) y después de escucharlo algunas veces puedo ver por qué. No obstante, me parece que la banda ha alcanzado un acuerdo tácito respecto a lo que quieren para ellos y su carrera de aquí a futuro. Se notan cómodos, alegres, positivos, a veces incluso brillantes. Y es ahí que, aunque este realmente no es un gran disco, sí es uno bonito. No sabría decir si perdurará con los años, eso sí, pero tiene momentos magníficos. Ya quedará de cada uno decidir si esos segundos son más que suficientes.

Fecha de lanzamiento: 4/05/2012
Discográfica: Island Records
Compra el disco: en su sitio oficial.
Escucha el disco: en Spotify.
Tres canciones destacadas: “Disconnected", "Black Rain" y "Day Will Come"