Día de la Música 2012: Excepcional primera parte de la fiesta de la música en El Matadero

Siendo un poco madrugadores, o mejor dicho, aventureros, ya que el sol a las 16 de la tarde en ésta época en Madrid es abrasador, decidí abrir boca con un pequeño quinteto llamado Tammar que actuaba en uno de los escenarios pequeños, afortunadamente cubiertos. Aunque bastante underground, estos chicos de Indiana tiene ya varias publicaciones en su haber, todas ellas inmersas en un rock bastante experimental y reverberante que me recordó a Silver Apples, sobre todo por sus hipnóticas melodías, y también a un grupo que conocí recientemente llamado Saade que mezcla lo anteriormente citado con un sonido muy grunge. Sin duda, una muy buena e interesante forma de empezar la tarde, que continuaba con las hermanas Cristi y Jessica.

Zambri es el proyecto de estas estas chicas neoyorquinas y su banda, y en el Día de la Música 2012 ofrecieron una buena muestra de pop electrónico que sonó realmente potente en el que sin duda creo que fue y es el escenario del festival: El de Spotify, ubicado dentro de la Nave 16 del Matadero. El concierto fue corto ya que se retrasó debido a la filmación del mismo, algo bueno por la parte de que pudimos contemplar al grupo anterior en su totalidad, pero malo debido a los escasos 30 minutos de actuación. Unos minutos que fueron suficientes para que Zambri sea uno de los nombres del festival, y un proyecto muy a tener en cuenta, con unas composiciones realmente buenas.

Descanso para refrescarse y para prepararse para uno de los platos fuertes del festival: El señor Lee Fields y su banda The Expressions. ¿Qué decir? Bueno. Que este soulman y showman lleva mucho, mucho tiempo en el mundo de la música, brindando al mundo toda su fuerza y pasión en el terreno del soul. Activo desde los 70, este hombre, que se ganó el apodo de Little J.B. en honor al mismísimo James Brown, supongo que por su corta estatura ya que en el terreno musical no tiene nada que envidiarle, presentaba su nueno trabajo, Faithful Man. Se trata de un disco cargado de temazos que gustarán a cualquiera que los escuche –y así lo demostró ayer–que no puedo dejar de recomendar, y que terminó por convertirse, junto con canciones anteriores de su discografía y un muy apropiado encore, en uno de los conciertos del día, por no decir el mejor junto el de los daneses de Raveonettes de los que ahora hablaré. Está bien, era difícil: Era uno de los escenarios grandes, a pleno sol, y a la vez actuaban St. Vincent, pero Lee y los suyos supieron acaparar al público hasta el final, preocupándose por él en todo momento y brindando una actuación cargada de energía y buen rollismo.

Volviendo a St. Vincent, nada malo se puede decir de esta jovencísima artista, salvo que no esperé que su directo sonara tan potente. El escenario Spotify era sin duda el ideal para ella, y en él se pudieron vivir grandísimos momentos con un set corto pero que sorprendió, y en el que por supuesto no faltaron “Chloe in the Afternoon” o “Cheerleader”. El sonido, espectacular y vibrante, lleno de distorsión.

Quedándome con las ganas de ver a Tindersticks, que perdieron su vuelo y se retrasaban a las 21 horas, Twin Shadow abría boca para lo que se venía encima con Azealia Banks. George Lewis y los suyos, haciendo mención especial a la teclista Wynne Bennett, están a punto de estrenar un disco al que le tenemos muchas ganas. En directo sonaban en uno de los escenarios grandes, el de RTVE, y aunque no sonaron mal, nos quedamos con ganas de más potencia y de más protagonismo para la instrumentación, sin duda el punto fuerte del grupo. Habrá que esperar para verlos en una sala cerrada, supongo, debieron pensar los cientos de personas que se desplazaban rápidamente unos metros a la derecha, al escenario de RADIO 3, para ver a una de las artistas que seguramente convencieron a muchos de venir.

La veinteañera Azealia Banks interpretaba la totalidad de su discografía –o mejor dicho, de sencillos– en un concierto en el que demostró porqué todo el mundo habla de ella. Literalmente, se comió el escenario, saliendo acompañado por dos jóvenes animadoras y DJ Cosmo, y haciendo que la gente no parara ni un minuto. Sus raps, rapidísimos, sonaban a la perfección a través del equipo de sonido del escenario, y aunque las bases sonaban también de forma muy potente, los graves de las mismas anulaban el resto de elementos, dejando a la artista sola ante un chunda chunda que dejó bastante que desear. Comentándolo con algunas personas, coincidíamos en que tal vez se trataba de un concierto que habría funcionado mejor cuando entrara la noche, y tal vez siguiendo o precediendo a Two Doors Cinema Club. Veredicto: Azealia Banks es muy real, y si su disco cumple, esta chica se convertirá directamente en una leyenda.

La rave de Bear In Heaven fue sencillamente espectacular. Muchos corrimos al escenario de Spotify para escuchar el resto de su set, y para nuestra sorpresa éste aún no había empezado. Su sonido no podía ser más potente dentro de la Nave 16, y aunque las horas ya pesaban era imposible estar quieto escuchando a este trío de neoyorquinos que en todo momento se refirieron a su público en castellano. Hubo momentos para todo, siempre envueltos en ésta mezcla de synthpop con rock experimental que suena totalmente a los años 80, y tras destrozar algún instrumento que otro, salíamos a descansar un poco escuchando al británico James Blake. Sonó muy bien y su cojunto de temas fue muy intimista, por lo que, sabiendo que el británico tiene más caché que Bear In Heaven y por eso tal vez no pudo ser, muchos habríamos preferido que ambos conciertos intercambiaran sus emplazamientos, aunque pensándolo bien se trató de una buena forma de recuperar energías antes de que Two Door Cinema Club empezaran.

Lo de Two Door Cinema Club no sabría cómo describirlo. De repente el festival se convirtió en una fiesta en la que el público parecía haberse multiplicado, y absolutamente todos vibraban con los temas de Tourist History, aunque tal vez más con sus dos grandes éxitos: “What You Know” y “I Can Talk”. Nadie podía parar con su sonido, un sonido totalmente indie y a la vez muy festivo –¿tal vez demasiado? – que volverán a celebrar con un nuevo disco en septiembre. El precio que había que pagar por disfrutar de esta fiesta era el de perderse a The Raveonettes, pero afortunadamente, debido a que empezaron y acabaron antes de tiempo, pudimos ver el set completo.

Y menudo set. The Raveonettes cerraban el festival en el escenario de Spotify, después de un largo vuelo que les traía de su gira por Estados Unidos. Muchos de nosotros estábamos cansados, refugiados en la parte derecha de la Nave 16, exhaustos tras un fantástico inicio de festival, pero ni eso nos impedía levantarnos para permanecer saltando y danzando la totalidad del concierto de los daneses. Como el gran maestro dijo algún día, no hay nadie que maneje tan bien la distorsión como The Raveonettes. Y, créanme, es totalmente cierto. La banda tiene el poder de llevar al éxtasis a cualquiera de los asistentes en un espectáculo que es una mezcla de indie con noise, y con toques muy psicodélicos y shoegaze. Todo con el sello de la casa, ya que es una banda que me recuerda a muchas otras y a la vez a ninguna.

El ambiente estaba tan conseguido que hasta era difícil distinguir a los miembros de la banda en plena actuación debido a la gran cantidad de humo que se generaba en el escenario, y conformándonos con verles en los intermedios. Deseando que se publique Observator, su nuevo trabajo, disfrutamos de bastantes temas (digámoslo así, porque hasta el tiempo parecía distorsionarse en el concierto) en una experiencia realmente envolvente cuyo final, con dos canciones espectaculares, acabó produciendo dos sensaciones: Satisfacción, tras un largo día de conciertos, y nostalgia, ya que muchos no vemos el momento de volver a verlos en su próxima gira.

Resumiendo, El Día de la Música 2012 es un festival de dos días (con otros dos de bonus) cuya primera parte no pudo ser mejor, y que estoy seguro que tiene aún mucho que dar, aunque los platos verdaderamente fuertes fueran ayer. Hoy, round two, con bandas de la talla de Mercury Rev, Maxïmo Park o los geniales Metronomy.