En un día como hoy: apareció un arcoíris «gratuito» en el horizonte

En un día como hoy, pero del año 2007, los fans de Radiohead se las veían negras para ingresar al sitio oficial de la banda. Esto por supuesto no se debía a ninguna reconstrucción del sitio o algo parecido, sino al escueto anuncio que Jonny Greenwood había dejado en la web unas horas antes: "Pues bien, hemos terminado el nuevo disco, y saldrá a la venta en 10 días... Lo llamaremos In Rainbows. Cariños de parte de todos nosotros". Así, con estas breves palabras, el músico y su banda inauguraban una nueva fase no sólo en su carrera musical sino en toda la industria discográfica.

Hasta ese momento, las noticias del nuevo álbum de una de las bandas más innovadoras e interesantes del planeta habían sido frecuentes pero no tan informativas. Sí, el grupo hacía actualizaciones constantes en su sitio oficial, y hasta decidieron hacer un pequeño tour para desentumirse un poco, pero todo esto lo único que hizo fue alargar el proceso de composición, que comenzó casi tres años antes del lanzamiento del disco. No obstante, ya había rumores sobre una posible publicación independiente, pues la agrupación ya había cortado para esos momentos sus lazos con EMI. Por supuesto, se esperaba que los ingleses recurrieran al menos a la distribución digital típica para editar su nueva producción. Pocos se imaginaban sin embargo que el grupo iba a presentar el disco no sólo sin la ayuda de ninguna discográfica o tienda digital o física, sino que, además, lo iba a hacer con la política de "paga lo que quieras, y sino quieres pagar, no lo hagas".

Paga lo que quieras: el debate

En su momento hubo un largo debate sobre si esto representaba otro puñal en la espalda de la "moribunda" industria musical, sobre si era un experimento egoísta por parte del quintento pues obviamente no iba a ayudar en nada a agrupaciones más pequeñas, sobre si el grupo estaba quitándole el valor a su música al no ponerle precio, sobre si eran o no innovadores. Y es que, aunque ya había habido grupos, como los Smashing Pumpkins por ejemplo, que habían regalado discos o compilaciones a través de la red, ningún conjunto tan grande como este le había dado el poder a sus fans de adquirir su música con el precio que les diera la gana, algo que los puso en la punta de una montaña de calificativos extremistas que quizá no estaban ni cerca de lo que el grupo intentaba hacer con In Rainbows: era un experimento por y para el conjunto, ni más ni menos.

Claro que también nos sirvió para probar o desmentir muchos de los mitos o ideas preconcebidas que teníamos sobre la industria discográfica. Por ejemplo, se probó que estaba equivocada esa vieja idea que decía que la piratería disminuye cuando la gente compra música legalmente. En el caso de este álbum, las cifras de los torrents y sitios de descarga compartida fueron tan grandes como los que la agrupación registró en su sitio oficial. Y es que, curiosamente, muchos decidieron obtenerlo en lugares "no autorizados" con todo y que tenían la opción de bajarlo de manera gratuita y legal. De hecho, meses antes de que saliera su versión física, yo llegué a ver, en puestos de venta pirata en México, copias en CD del álbum, quizá porque todavía el internet no era tan rápido ni tan accesible como lo es hoy (en Latinoamérica, por supuesto).

Para muchos, especialmente artistas consagrados, el modelo paga-lo-que-quieras era una manera muy burda de quitarle valor a la música (que tanto cuesta producir y editar), sobre todo porque hubo muchos que entendieron el "paga lo que quieras" como "obtenlo gratis". Y sin embargo, apenas un año después sitios como Bandcamp vendrían a demostrar que esto era posible. La plataforma ofrece descargas lo mismo gratuitas que con precios mínimos, así como políticas "paga lo que quieras", algo que, muchos podrían asegurar, ha ayudado a que bandas más pequeñas se den a conocer y obtengan de manera más fácil un beneficio por su trabajo.

¿Pero es esto verdad? Hace poco, plataformas como Nimbit revelaban con números lo que muchos ya sospechábamos: no es suficiente con ofrecer descargas gratuitas a tus fans. Si no tienes una campaña promocional y de seguimiento ya instrumentada, lo más seguro es que esos que te escucharon una vez no lo hagan nunca más. Y es que aquí viene otra de las razones por las que In Rainbows era y será un caso único: sí, era interesante, pero sólo para la banda, dado que no cualquiera puede alcanzar ventas de 3 millones con un “disco paga lo que quieras". La gran mayoría de las agrupaciones, de hecho, se las ven negras para capturar y conservar nuevos escuchas en un mundo extenso como la Internet, en donde sitios como el ya mencionado Bandcamp, por ejemplo, llegan a ofrecer más de 600 mil discos de todos los géneros. Es decir, la competencia es feroz a menos que seas una de las agrupaciones de rock más importantes del planeta.

¿Consecuencias del experimento?

Así es que, cinco años después, es justo decir que el experimento de los ingleses no tuvo grandes consecuencias para la mayoría: la industria sigue todavía viva pero aún tambaleante, y todavía hay quien saca buenas ganancias de la música, aunque los artistas que la producen no necesariamente ven los mismos beneficios. El mejor ejemplo que se me ocurre es Spotify, una plataforma que definitivamente ya es parte de nuestras vidas, aunque muchos artículos han intentado probar que el sistema no es muy justo para los artistas. Por ejemplo, se dice que grandes estrellas como Lady Gaga reciben apenas 167 dólares por un millón de streams de uno de sus temas, cifras que francamente suenan injustas y que no dan muchas esperanzas a grupos más pequeños. Y los artistas tampoco ven beneficios en las cuentas Premium, como bien lo platicamos en su momento luego de leer una inteligente y un poco enojada crítica de Stuart Murdoch, el vocalista de Belle and Sebastian.

Así que aquí estamos cinco años después. Mucha gente ya se acostumbró a simplemente no pagar por la música porque no le da la gana (justificaciones como "es muy caro", "cobran demasiado por un disco", "las ganancias se van a la disquera" ya no sirven, de verdad). La descarga "paga lo que quieras" ya es un modelo acostumbrado y la industria establecida sigue tratando de encontrarle la cuadratura al círculo. Todavía hay quien gana dinero con los artistas sin hacer, o al menos eso creo, demasiado. Pero por algunos meses, a partir de ese glorioso 1 de octubre de 2007, el mundo creyó que esto realmente era el inicio de una verdadera revolución musical. Y tal vez lo fue, en algunos aspectos, aunque al final, como bien dijo Chris Hufford, manager de Radiohead: "Esto era una solución a una serie de problemas, pero dudo que funcionara otra vez de la misma manera".

P.D. Y qué pasa con el disco en sí. Hasta hoy, es el álbum de la agrupación que mejores calificaciones ha obtenido, según Metacritic, aunque yo creo que el asunto de las descargas permeó tanto en la opinión de la gente que es prácticamente imposible dar una opinión del disco sin que esté tergiversada por todo lo que pasó detrás. Pero en fin, como dirían por ahí, eso es otra historia.