Giorgio Moroder, una oda al anónimo padre del pop electrónico

Una de las personalidades más representativas de la música popular en las últimas décadas ha sido Giorgio Moroder. Puede que como melómanos sofisticados critiquemos el enfoque marketinero –debatible- de sus canciones, o que las consideremos cursis, lo que está perfecto. Pero tampoco se puede negar que por las últimas tres décadas, Moroder ha estado detrás de algunos de los discos más importantes e icónicos que hayan salido al mercado. Si no lo creen, pues hasta los Daft Punk –aparentemente, dado que su nuevo disco está cubierto con un velo de misterio- han trabajado con él y se han visto inspirados por su extensa carrera.

Giorgio Moroder

Nacido como Hansjörg Moroder en Italia, este productor y músico ha trabajado con una infinidad de artistas. Algunos han sido muy buenos y quedan en nuestra memoria como músicos geniales. Otros solo son reconocidos gracias a las canciones que Moroder compuso para ellos y que produjo con maestría. Otras simplemente son un punto más en su currículum, extenso como pocos y que hasta incluye la fundación de una empresa fabricante de automóviles. Eran los ’80, el cielo parecía el límite, así que podemos perdonar sus aspiraciones fordianas.

La carrera de Moroder comenzó bajo el mote de Giorgio, a secas, en la década del ’60, cuando editó algunos simples de su música en Berlín. Moroder fue pionero en la música electrónica de la época, componiendo algunas de las canciones más representativas de estas épocas del género, cuando todavía la electrónica no se había convertido en una jungla de subgéneros y era más bien un trance de experimentación. La capacidad de Moroder para componer melodías pegadizas le valió un nombre como escritor de canciones que eran éxitos garantizados. Pero el éxito verdadero llegaría con la composición de “Chase” para la banda sonora de Midnight Express, en 1972. Es una canción simplemente mágica:

Por esos mismos años Moroder también se estaba metiendo de lleno en la música disco. Produjo los legendarios temas –legendarios, te guste o no la música disco- de Donna Summer, como “I Feel Love”. Es que Moroder es una máquina de hits. Podemos estar completamente en contra del mainstream y que solamente nos gusten bandas que ni locas firman un sello discográfico, pero este hombre tiene olfato. Se ha paseado por todos los géneros y es capaz de componer canciones y producir discos para artistas de medio pelo como Berlin, que no serían nada sin “Take My Breath Away” –sí, otra producción de Moroder-, pequeñas maravillas del pop como Bonnie Tyler, y grandes como David Bowie y Freddie Mercury.

Otro de los “nichos” de Moroder han sido las bandas sonoras. Además de componer para artistas completamente disímiles, ser una máquina de éxitos, ser fundador de uno de los estudios de grabación más buscados de toda Europa, y en su tiempo libre manejar una empresa de automóviles –cada cual con sus hobbies- Moroder también era un fantástico compositor de bandas sonoras. Y no estamos hablando de “Chase”, canción que fue uno de sus primeros éxitos, o siquiera de “Take My Breath Away” –Top Gun, una composición de sintetizadores chiclosos que es un espanto pero se queda pegada en la mente igual-… Que levante la mano el primero que no haya bailado con “Flashdance… What a Feeling”.

Moroder fue el responsable de que una película cuya trama se basaba en una soldadora que por las noches se dedicaba a bailar, el único sueño de su vida, y se enamoraba de un hombre adinerado muy a su pesar –una trama espantosa y fantástica a la vez por donde se la mire- se transformara en un clásico. Jennifer Beals –y también Tom Cruise, por qué no- deberían llevar a Moroder a todas las películas que protagonicen. El italiano ganó un premio de la Academia por cada una de estas canciones.

Pero también tuvo proyectos mucho más serios que no involucraban a damas soldadoras. Produjo una banda sonora completamente original con colaboraciones de Mercury y Adam Ant para el clásico film de Fritz Lang, Metrópolis, una apuesta arriesgadísima con sintetizadores y música avant garde para una película que data de 1927. Los contrastes son geniales. Pero además, también estuvo detrás de los soundtracks de American Gigolo. Donde hacemos otra anotación: para esta banda sonora, Moroder reclutó a Debbie Harry y Blondie para aportar un tema. ¿El resultado? Giorgio Moroder produjo “Call Me”. También estuvo a cargo de la banda sonora de Scarface y La Historia sin Fin.

Moroder también era amigo del deporte. Compuso las canciones oficiales de los Juegos Olímpicos de 1984 y de 1988, lo que tiene todo el sentido del mundo: es el productor más representativo de la década.

Un brindis por Giorgio Moroder. Le debemos mucho.