Reseña: Crystal Castles – (III)

Después de demostrarle al mundo que no eran la última bandita con aspiraciones artísticas en jugar con consolas electrónicas, los Crystal Castles están de regreso con un tercer disco de estudio. Afinando la misma dirección que demostraron en su segunda producción, el dúo canadiense presenta (III), una obra compleja, que coquetea con los conceptos de desanimo y perdición, destrucción y reconstrucción, apocalipsis, dolor y muerte. Conceptos para nada alejados del universo que supieron crear en sus anteriores álbumes, pero que esta vez se completan con canciones ominosas con títulos como “Plague”, “Wrath of God”, y “Child I Will Hurt You”. En (III), Alice Glass e Ethan Kath también demuestran que no son simplemente programadores de beats, sino que, por el lado de Kath, se trata de un alquimista de sonidos inconexos, mientras que Glass es una poetisa dolida que ha perdido la fe en la humanidad.

Glass afirmó que la temática que conduce a (III) es la opresión. “No creí que podría perder la fe en la humanidad aún más de lo que ya la había perdido, pero después de presenciar algunas cosas, siento que el mundo es una distopía donde las víctimas no obtienen justicia y prevalece la corrupción”, dijo en el comunicado de prensa. Esta oscuridad y pérdida de fe se puede ver claramente en las letras –casi incomprensibles- de las canciones de este nuevo esfuerzo. Por el lado sonoro, del cual estuvo encargado como siempre Kath, el grupo buscó obtener una nueva experiencia a través del uso de instrumentos analógicos. “Todos los teclados y pedales que usamos en el disco anterior se cambiaron, para que podamos trabajar con una nueva paleta de sonidos. No permitimos computadoras cerca del estudio, todo tenía que ser grabado en cinta. Nos limitamos a una toma porque pensamos que las primeras tomas son la expresión más cruda de una idea”, disparó el productor.

En un comienzo, los Crystal Castles eran conocidos por jugar con los sonidos típicos de una consola de Atari, e incluso tomaron su nombre de, no solamente la frase del programa infantil She-Ra, sino también de un juego de esta consola de 1983 con el mismo nombre. El cover de “Crimewave”, y canciones como “Air War” y más tarde “Vanished” consolidaron este sonido. Con la llegada de su segundo álbum, el dúo se mostró mucho más maduro, y en esta misma dirección corre (III), un disco completamente diferente a lo que venían haciendo pero que mantiene el mismo espíritu de la banda. Por momentos, Alice Glass da asco, por otros, lástima. (III) es una experiencia emocional, una subversión de los sonidos.

El primer tema y sencillo del disco es “Plague”, un tema muy procesado. Se nota que, a pesar de querer dejar los temas en una primera toma, Kath fue trabajando en estas canciones por un buen tiempo. “Plague” es oscuro, desesperante, con unos beats que se mueven en un crescendo hipnótico y alucinado. Las canciones de Crystal Castles tienen un cierto aire de psicodelia gracias a sus dosis masivas de experimentación. El disco sigue con la más arriba “Kerosene”, curiosamente muy pegadiza, con unas repetitivas voces procesadas, y de nuevo refleja este espíritu esquizofrénico y desesperanzado que se repetirá en todo el disco. Para “Wrath of God”, otro de los sencillos, la desesperación baja un poco de tono para dar lugar a prolijas melodías. Este es un buen comienzo del disco, todas las canciones tienen una estética similar y son parecidas, pero en este mismo sentido se vuelven un poco monótonas. Estos tres temas comparten muchas melodías, la forma de cantar de Glass no varía para nada –aunque esto no es sorpresa para nadie- y si no se trata de un oído experto no vamos a notar muchas diferencias.

El disco continúa con “Affection”, que tiene un comienzo muy similar a una canción de electropop, y en esta oportunidad la voz de Glass es mucho más clara, más sensual, para dar lugar a una canción igual de oscura pero un poco más esperanzadora. “Pale Flesh” regresa a esta estética desprolija, ansiosa y francamente molesta, con un beat repetitivo de fondo que es capaz de quemar tímpanos. El sonido como molestia, la letra como protesta, sirven como un canal de expresión para las potencialidades misantrópicas que tiene la música del grupo. Después del abrupto fin de “Pale Flesh”, llega “Sad Eyes”, una canción que es pura energía y desesperación. Hay que aplaudir la capacidad que tiene Crystal Castles de mantener un ambiente, este disco no baja los brazos en ningún momento. “Sad Eyes” tiene tonos épicos, dramáticos.

Seguimos con “Insulin”, una canción que tiene un comienzo más tranquilo antes de llegar a la molestia suprema con beats desprolijos, desubicados, una canción que genera incomodidad y protesta en quien la está escuchando. Es uno de los esfuerzos más experimentales que podemos encontrar en el disco. Con “Transgender”, apenas encontramos diferencia entre las canciones, y no es para nada destacable. Lo mismo sucede con “Violent Youth”, aunque aquí regresamos con los juegos de consola que pudimos encontrar en sus discos anteriores.

En la misma línea de “Violent Youth”, encontramos a “Telepath”, y también a “Mercenary”, que pierden un poco los tintes de experimentación de las canciones anteriores para volver a una estética más similar a los esfuerzos anteriores de la banda. Finalmente, el disco termina con “Child I Will Hurt You”, la canción con el comienzo más tranquilo, casi de canción de cuna, con una melodía atemorizante.

6/10

No podemos decir que este disco se destaca demasiado, así como tampoco podemos decir que haya una evolución sonora demasiado grande. Los dichos de Kath no parecen reflejarse en el sonido final, las canciones suenan sobreproducidas y monótonas como trabajadas una  y otra vez sobre un lienzo gastado. Analizando las canciones de forma individual, son todas encantadoras y complejas, pero escuchar el disco completo varias veces se puede tornar aburrido.

Fecha de lanzamiento: 12/11/2012
Discográfica: Fiction/Polydor
Compra el disco: en iTunes
Tres canciones destacadas: “Violent Youth”, “Kerosene”, “Sad Eyes”
Escucha el disco: en Spotify