Cinco razones por las que amamos los casetes

El título de este post puede llevar al menos a dos preguntas: ¿qué diablos es un casete? (especialmente si son muy jóvenes) y, ¿de verdad los amas? La respuesta a la primera es simple: un casete es un formato de grabación (y reproducción) de sonido de cinta magnética, es decir, un antecedente del CD y el MP3. La segunda lleva algo más de explicación. Es cierto, este es un formato que ya está en desuso, que en su día fue derrotado por el CD y que ni siquiera pudo vencer a su más cercano competidor, el vinilo. Pero las rueditas del casete vienen también acompañadas de mucha historia, nostalgia y, por supuesto, música. Además, este año se cumplieron 50 años del invento de este viejo amor. Y con esta conmemoración como pretexto, me puse a buscar cinco razones por las que amamos, sí, amamos (al menos en su momento) a los casetes:

1. Eran más prácticos que un vinilo

Obviamente, hoy esto ya no es un problema, con el invento del MP3 y los reproductores portátiles, pero hubo una época en la que poder llevar tu música en la bolsa era algo digno de festejo. No sólo cabían en el bolsillo de los jeans, eran menos frágiles que los grandes discos y más difíciles de romper. Además, eran apilables tanto en su cajita como sin ella.

Pero veamos un poco de historia. El casete, como ya dijimos, fue creado por la compañía Philips en 1962, aunque no fue introducido en Europa hasta un año después y aquellos con música pregrabada fueron lanzados hasta finales de 1965. El casete había sido diseñado originalmente para dictado, y precisamente con la idea de hacer de este un medio portable. No obstante, la tecnología, la presión de los competidores para que Philips licenciara el formato de manera gratuita, y la calidad de la grabación, lograron que la popularidad de este invento creciera en los años 80. Pero fue, sobre todo, la facilidad para llevarlo contigo, la que lo colocó en la lista de lo más cool de esos años.

2. El Walkman

Como ya dijimos, una de las grandes ventajas del casete era que era portable. Pero su popularidad no hubiera crecido tanto si no hubiera sido por este reproductor que vino a cambiar, en su momento, la manera en cómo escuchábamos música. Las ventajas del casete, y su reproductor, eran no sólo que era más barato y más fácil de reproducir, además te permitía llevar tu música a donde quisieras. Su uso se extendió a lo largo y ancho del mundo y también trajo cambios, pues después ya podías conseguirlos hasta con radio AM/FM, lo cual, era una gran ventaja en su momento (les digo que estamos hablando de tiempos "prehistóricos", así que tengan un poco de paciencia con lo que ahora ya no suena ni tantito novedoso).

Al principio, según recuerdo, eran bastante austeros y con unos horribles audífonos negros o anaranjados. Después ya salieron los clásicos de color amarillo, toda una revelación en los años 80 y 90, algo así como lo que ocurrió con el iPod algunos años después. Era curioso, además, porque uno tenía que llevar varios casetes en la bolsa, la mochila o lo que fuera, pues sino te quedabas sólo con 60 minutos de música.

Esto, por supuesto, significaba que, si no querías cargar 10 casetes, tenías que elegir de antemano lo que realmente quisieras escuchar ese día, o decidir sin dudas qué canciones querías tener en repetición permanente hasta el momento en que llegaras a tu casa. A pesar de estos aparentes inconvenientes, y otros como las baterías que se acababan súper rápido y la necesidad de cargar un arsenal, en sus años el asunto del Walkman fue toda una maravilla.

3. Eran terapéuticos

¿Cuántos de ustedes no pasaron horas tratando de aflojar la cinta de sus casetes con un lápiz o una pluma, para evitar que se atoraran en el reproductor? Era un poco frustrante, es verdad, porque requería de un buen pulso para dar vuelta a las rueditas, pero el ruido que hacía este movimiento era simplemente cautivador y tranquilizante. Ahora, díganme, cuántas veces no la hicimos de técnicos, poniendo desde esponjitas hasta pedazos de papel en medio del casete para evitar que se escuchara mal. Pero además, hay una razón que no entra en esta parte sino en el punto cinco y que creo, es la más importante. Pero ya llegaremos a eso.

4.Podías ver la letra y las fotos en el arte

Esto seguramente ocurría también con el vinilo, pero mi memoria es mala, y yo más bien recuerdo las largas tiras de papel que contenían las letras en mis casetes favoritos. Esto era especialmente importante en una época en la que no había internet, y la mejor manera de enterarte de qué diablos estaba diciendo tu cantante favorito era remitirte al arte que lo acompañaba. La idea de poner letras y fotos ya está muy en desuso, con la llegada de los formatos digitales y la necesidad de hacer los discos cada vez más baratos para ahorrar costos, pero, para mí, no había nada mejor que abrir el casete y sacar ese rollo enorme que contenía toda la información que quería del nuevo álbum que acababa de comprar. Eso también ocurría con el CD, aunque eso ya es historia más reciente.

5. Las mixtapes

La razón número uno, aunque aparece en el cinco en esta lista. Si hay algo que los adictos a la música disfrutamos más que nada es hacer testigo a los otros de nuestro gran gusto musical. Y qué mejor manera que hacer una mixtape, un nombre que se ha quedado con nosotros, aunque el casete ya no exista, lo que para mí es una prueba más de su genialidad. No sólo era el hecho de buscar cada melodía en tu larga pila de grabaciones, era además tener el equipo reproductor adecuado y estar cuidando que la canción no se cortara, que comenzara a grabar y reproducir al mismo tiempo y que el final no chocara con la siguiente melodía.

Las recopilaciones eran fundamentales también porque, como ya dijimos, el formato implicaba que, si ibas a estar fuera de casa, tenías que cargar muchos casetes. Por ello, lo mejor era tener tus canciones favoritas en un mismo lugar, y hasta jugar con combinaciones de acuerdo con tu estado de ánimo (ahí viene la razón terapéutica que faltaba y que les mencioné más arriba). ¿Qué ya puedes hacer eso con tu iPod? Sí, es cierto, pero lo grandioso de la época era que, de hecho, te tenías que sentar a escuchar la canción, pues no podías dejar que terminara y comenzara la siguiente o se cortara a la mitad. Hoy en día es mucho más práctico, lo sé, pero no tan encantador, creo.

Finalmente, las cintas de grabación fueron testigo, además, de muchos proyectos, sinsabores, satisfacciones y encuentros. Qué mejor manera de convencer a la o el que te gustaba de que no iba a encontrar a nadie mejor que tú, o al menos a nadie con un mejor gusto musical, que hacerle una mixtape. Además, estaban las cintas para rompimiento, aquellas para utilizar antes o después de un examen y, ¡por supuesto!, las cintas radiales.

Díganme quién no pasó todo un día escuchando su estación de radio favorita con el dedo listo en el botón de grabar para cachar la canción que tenía semanas dando vueltas en tu cabeza. Cuántas veces no te frustraste porque el locutor se metió justo a la mitad del tema para anunciar algo, arruinando así tu, tal vez, única oportunidad de meter esa melodía en la grabación. Las mixtapes radiales tienen además el encanto de traer de regreso una época de tu vida, antiguos amigos, amores o momentos importantes.

Por último, ya dijimos que los casetes son ahora pieza de un museo y pretexto para obras de reciclaje, pero en su momento fueron una gran revolución. Y a 50 años de su invento, no queda más que recordarlos con mucha nostalgia. Hablando de esto, les recomiendo que escuchen el especial que Radio 6, de la BBC, hizo para celebrar sus 50 años de vida. También pueden ver los especiales en video que hizo la TDK respecto a nuestra forma de compilación favorita.