Reseña: Villagers – {Awayland}

Conor O'Brien, el hombre detrás de Villagers, ha definido su primer álbum, el extraordinario Becoming a Jackal de 2010, como "un disco más académico". Algo que podría no comprenderse en un primer momento pero que queda muy claro luego de escuchar {Awayland}, el nuevo larga duración del grupo editado el pasado 11 de enero y con el que el originario de Irlanda ha demostrado una vez más que tiene todo para convertirse en una de las voces más pensantes e interesantes de su generación.

La diferencia entre estos dos lanzamientos radica en que, en el primero, la música y letras fueron definidas por el arte visual del álbum, mientras que este nuevo trabajo estuvo gobernado no por un deseo ya formulado sino por las preocupaciones actuales del líder del grupo. Además, O'Brien ha explicado esta nueva entrega como un disco lleno de "tragi-comedia, asombro y nacimiento", y ciertamente hay mucho de esto en las letras que lo conforman, inspiradas asimismo por la muerte de su hermana, ocurrida casi a la par del lanzamiento de la primera placa del músico y a la que éste quiso responder con optimismo. También se encuentran vertidas aquí las dificultades de una larga gira y los propios pensamientos del intérprete, en los que nuevamente hace aparición la vulnerabilidad de la que hizo gala en su anterior trabajo.

Melódicamente, este álbum ofrece una atmósfera expansiva, con más instrumentaciones y guiños a diferentes ritmos, aunque en su base es posible escuchar sonoridades parecidas a aquellas que el músico trabajó en su primera entrega. No obstante, este álbum es diferente simplemente porque el compositor permitió que el resto de su banda de acompañamiento colaborara en cada una de las canciones, lo que le dio un toque extra a su música.

{Awayland} se presenta así como una lógica, pero no exenta de sorpresas, segunda fase en el camino musical del dublinés, un álbum rico en texturas, vulnerable, un poco ecléctico, pensante y diferente, pero también encantador desde su primera nota.

La placa arranca con "Mi Lighthouse", canción que recupera la mejor tradición folk para sonar contenida y melancólica, llena de coros y con la voz de O'Brien como protagonista. En ese rubro también está "In a Newfound You are Free", una especie de canción de cuna que apenas ocupa un piano y la voz de Conor para arrullarte en el sueño.

Con una instrumentación más completa y basada en el piano, pero con esta misma idea de los cantautores setenteros, está "Nothing Arrived", en la que sentencia: "I waited for something, and something died So I waited for nothing, and nothing arrived (Esperé algo y algo murió, no espere nada, y nada llegó)".

"Earthly Pleasure" retoma esa vibra tremendamente oscura que adornaba algunas de las canciones de su álbum debut, como fondo de una especie de poema épico moderno en el que Conor abraza los placeres terrenales para intentar olvidar los problemas del alma y las dificultades del camino."The waves" vive en esta misma oscuridad, hundiéndose de paso en remolinos electrónicos, mientras que "Passing a Message" trae un cierto sabor a Beck en melodías acompasadas.

Otros temas se salen un poco de la norma, como "Judgement Call", en la que el rock toma la batuta para aligerar las reflexiones del frontman. Por otro lado, "The Bell" comienza con metales y una psicodelia detectivesca, pero pronto se destapa con una esquizofrenia absoluta que lo mismo recurre al rock que a la bossa con un ligero toque de jazz.

El track que le da título al álbum ofrece mientras tanto las contribuciones del resto de la agrupación, a través de hermosos y delicados arreglos de cuerdas que compensan la ausencia de vocales. Estos mismos arreglos brindan un tono cinematográfico a "Grateful Song", melodía que habla sobre tiempos difíciles, aunque con un dejo de esperanza, pues para el cantautor los problemas eventualmente te ayudarán a ser más fuerte ante futuras complicaciones.

Finalmente, "Rythm Composer" se beneficia asimismo de estas instrumentaciones combinadas con un tono pop juguetón que por momentos recuerda a Bjork, cantante que de hecho vino a la mente del músico a la hora de crear este disco, aunque curiosamente no por sus tremendos arreglos de cuerdas sino por su uso de la electrónica.

En suma, este trabajo va del folk al rock y de regreso sin asentarse jamás en un género, utilizando los ritmos con mucha más libertad y unas ciertas ganas de no quedarse dentro de un mismo cajón. Ciertamente, la inclusión del resto de su banda de acompañamiento hizo maravillas por las canciones, especialmente aquellas que cuentan con arreglos de cuerdas, pues la instrumentación suena rica y propositiva.

La voz del músico suena a veces aventurera y otras más apegada a sus vocalizaciones casi narrativas, pero siempre con ese dejo de melancolía y vulnerabilidad que le sale tan bien. Finalmente, las letras se sienten evocativas, a veces quizá un poco indirectas pero siempre en la línea de un trovador que ha viajado a lo largo y ancho del planeta trayendo consigo las noticias de todos los pueblos por los que ha pasado.

8/10

{Awayland} es sí, más accesible, no tan depresivo y quizá un poco menos contundente que su antecesor, pero ofrece la calidad suficiente para sobresalir por sus propios méritos. Aquellos enamorados de la introspección de su primer intento extrañarán esa característica en este nuevo álbum pero, repito, Villagers ha sabido renovarse sin perder el estilo, demostrándonos en el camino que esta banda y su líder tienen todavía mucho que ofrecer.

Fecha de lanzamiento: 11/01/2013
Discográfica: Domino Records
Compra el disco: en la tienda de su disquera.
Tres canciones destacadas: "My Lighthouse", "The Waves" y "Rhythm Composer"

Escucha el disco: