Arizona Baby predica su palabra en Madrid

Arizona Baby utiliza unos elementos iconográficos muy particulares. Es una banda que ha cuidado su estética y su estilo hasta convertirlos en una marca propia: en la portada de su disco Second To none aparecía sor María Jesús de Ágreda, una monja con el don de la bilocación que podía estar a la vez en España y en México predicando frente a un grupo de indígenas. Su segundo álbum lleva como imagen una mano sobre una Biblia: The Truth, the whole truth and nothing but the truth. Ayer, en el festival Pop&Sound, sobre el escenario de la sala Joy Eslava de Madrid, Javier Vielba se convirtió en el particular predicador de la velada. Vestido de negro impoluto, camisa con chorreras, cinturón de sheriff y su característica barba enmarañada, no solo ofreció su mejor repertorio, sino que además consiguió sacar algún “amén” del público.

La noche comenzó con nuevos descubrimientos para el público español. Abrió a las ocho un joven llamado Ángel Stanich, un artista definido como dylaniano, que se presentó en Madrid resguardado detrás de su guitarra acústica. Después llegaron los teloneros oficiales, los portugueses de A Jigsaw. Un grupo de folk rock muy interesante que maneja una cantidad demencial de instrumentos y a los que basta escuchar un par de canciones para saber por qué conectan tan bien con el estilo de Arizona. La voz dura muy a lo Tom Waits de Joao se atrevió incluso a versionar “Sheralee” y “London Calling”, antes de cerrar con la potencia de “His Secret”. Una pena que no pudiéramos ver la fusión de estilos entre los portugueses y los vallisoletanos por culpa del coche de A Jigsaw, que les dejó tirados en la carretera de camino a Madrid impidiendo que llegaran a tiempo para ensayar.

Arrancaron los chicos de Arizona Baby con “Ouch!”, que no fue un paso en falso ni mucho menos. Siguió el repertorio de canciones de Second To none con el ritmo country de “Muddy River” y esa frase que parecía adelantar lo mucho que Vielba tenía que contarnos durante el concierto: "I gotta tell you something". Porque el cantante del grupo estuvo entregado a su público; charlando, interactuando y demostrando su gran sentido del humor. Después llegó la primera canción de su nuevo EP: “The End of the Line”. Un salto musical en el tiempo, dejando de lado el folk y las raíces sureñas para poner a la gente de Madrid a bailar a ritmo de twist, acompañado por unos vídeos con motivos políticos y con un mensaje claro: los momentos convulsos no tienen por qué ser el final, sino el principio de una nueva era.

Después llegó el turno para probar en directo su experimento “The Model”, la adaptación acústica de la famosísima canción electrónica de Kraftwerk. Una versión sin ínfulas de adentrarse en otros géneros, Vielba lo explicó con sencillez: si la versión original suena tan bien, por qué no podríamos hacer lo mismo pero con guitarras acústicas. Tras tocar “Misty Morning Sun”, revisitaron un tema que no tocaban en directo desde el año 2009. Un error incomprensible, porque “Getaway” es una de las mejores canciones de su primer disco y en directo sonó perfecta, conducida en todo momento por la guitarra de Rubén Marrón. Un guitarrista peculiar y con un talento desbordante, que parece frío por tocar sentado en todas las actuaciones, pero a quien basta con mirar la cara para darse cuenta de la pasión que siente por lo que hace y por su instrumento.

Arizona Baby amplió el muestrario de versiones con “Sandman” de America, que sonó tan profundo y místico como el original. Pero si tienen un tema espiritual es “If I could”: una canción innovadora, con un estilo psicodélico que explota al final, cuando Javier Vielba mezcla su voz con las guitarras y entona unas cánticos indios realmente creíbles. Era difícil pensar que esta canción podía sonar incluso mejor que en el disco, pero ayer lo consiguieron y el público se entregó. “Somos muy poco serios para lo épica que es nuestra música” dijo el reverendo del rock and roll. Y es que, si en la Sala Joy Vielba fue la voz del mensaje de Arizona Baby, Ruben Marrón se convirtió, como dijo el propio cantante, en el mesías de la noche. Quien haya escuchado su manera de rasgar las cuerdas de la guitarra sabrá a lo que me refiero. Así lo hizo en “Rock n’ Roll Messiah”, dando un recital de velocidad digital para sacar los mejores sonidos posibles a su acústica. Unos solos interrumpidos únicamente por los jaleos del público.

Casi a punto de terminar nos dejaron la hermosa balada del “Golden Valley”, un receso de paz después de la parte más movida. También versionaron “My Name Is Drake” de A Jigsaw, una adaptación acelerada del tema, que sonó bastante mejor que el “Sheralee” de los portugueses. Cerraron con “Where the Sun Never Sets”, la bluesera “Dirge” y el ritmo pausado de “X’d Out”. Aún habría tiempo en los bises para poner el broche a la noche con dos temas enormes. En honor a The Doors, conectaron las primeras estrofas de “The End” con su superhit “Shiralee”, una canción que es su buque insignia y que pudo corear toda la sala. El verdadero final fue “The Truth”, el tema con el que Rubén Marrón siempre puede lucirse con esos punteos nerviosos y armónicos. Una canción que, como dijo el propio Vielba, viene que ni pintada en los tiempos que corren, donde la mentira y el engaño están a la orden del día. Menos mal que Arizona Baby siempre predica con el ejemplo: "but you always should try to tell the truth".

Fotos: Alex Argelés