Control, la vida de Ian Curtis

Ian Curtis marcó una era. Gracias a él Joy Division era lo que fue. Como muchos, no tuvo tanta relación con la música desde pequeño. Si bien le gustaba y era un gran fanático de David Bowie (quién no, vamos) simplemente la recibía desde un lugar de oyente, no desde el lugar artístico del creador. Él estaba más relacionado a la literatura. Escribir era lo suyo y, justamente por eso, no queda duda, la lírica que tenían sus canciones. No eran temas aburridos, simples o chatos, sino que tenían un condimento extra importantísimo: los sentimientos de un postadolescente perdido que vivió muy velozmente y sabía plasmar lo que le pasaba por la cabeza con palabras.

Control

Curtis se mató cuando tenía solo 23 años e hizo más de lo que haremos nosotros en 90. Junto a cuatro amigos, que antes de él fueron inspirados por bandas como The Sex Pistols, se unió a la agrupación que primero fue Warsaw y, más tarde, Joy Division, que era un cabaret que usaban algunos oficiales Nazis.

Se casó con 19 años, tuvo una hija, Natalie, cuatro años más tarde y terminó matándose por no soportar el éxito, porque ya las cosas habían dejado de ser divertidas y simplemente quería dejar de cantar, dejar de vivir.

Control fue dirigida por Anton Corbijn en el 2007 y se trata de la vida de Ian desde que se enamoró de su mujer. De hecho guión está basado en las memorias de la viuda, llamado Touching from a Distance. Es un film crudo, con escenas desgarradoras y que por momentos realmente nos muestra cómo pensaba, cómo sufría y cómo vivió el líder de una de las agrupaciones más importantes de todos los tiempos.

Le da un lugar muy relevante a la relación con su hija y al amor que tuvo con Annik, una mujer que conoció después de unos recitales. La moral le jugó muy en contra, los sentimientos encontrados por estar enamorado de otra mujer lo devastó, lo desgarró. Se sentía mal por estar haciendo algo que estaba mal, por sentir equivocadamente. En ese momento fue cuando empezaron los problemas. El alcohol fue un compañero de viaje, no paraba de fumar y todo esto sumado a una enfermedad que, en ese momento, no se podía controlar. Curtis tenía epilepsia y lo mejor que en ese momento podía hacerse era darle pastillas y probar hasta que encontraran algunas que le funcionaran.

Ninguna lo hacía.

Esto hizo que atravesara por varios episodios, uno de ellos en un recital donde lo vieron cientos de personas que terminó con una gran pelea entre los fanáticos y los miembros de la agrupación y quedó, como le aseguró el dueño de la disquera que los representaba, en la historia. Todo porque Ian no quería salir a cantar. Estaba atravesando un momento difícil en el que su vida estaba en juego.

De ahí en adelante todo cambió. Curtis empezó a sufrir mucho, dejó de disfrutar de lo que hacía y pensaba que todos los odiaban: que su amante lo odiaba, que su mujer lo odiaba, que sus amigos lo odiaban y, sobre todo, que su hija, debido a lo mal padre que era (lo era y él lo sabía perfectamente), lo odiaba.

No pudo soportar eso y, después de un ataque complicado de epilepsia que vivió solo, se colgó en su casa. Su mujer fue la que lo encontró cuando llegó.

La película, en blanco y negro, lo muestra como alguien que piensa demasiado las cosas, que no puede escapar de sí mismo y con un talento único y demoledor. Todo lo que hizo lo hizo con solo 23 años. Eso demuestra cómo era y todo el potencial que tenía. La película, aunque era un trabajo complicado, logró plasmar todo eso.