Give Up: 10 años después

En un día como hoy, 18 de febrero pero del año 2003, salió a la venta el primer y hasta ahora único álbum de The Postal Service, Give Up, un disco que a una década de distancia ya ha alcanzado el status de clásico entre los fanáticos del indie y del pop. Por ello, no es extraño que se haya repetido hasta el hartazgo la pregunta sobre un posible segundo lanzamiento del dúo, ni la reacción que ha causado el anuncio de su regreso para celebrar esta primera década de vida del álbum o la emoción por la reedición del mismo. Una emoción que nosotros compartimos y por ello quisimos hacer un post para celebrarlo.

Los inicios

La historia de este disco comienza con el encuentro entre Jimmy Tamborello, un músico originario de California también conocido como James Figurine o Dntel, y Ben Gibbard, vocalista de Death Cab For Cutie. Luego de haber sido presentados por amigos mutuos, Jimmy decidió pedirle a Ben que colaborara con él en las vocales de "(This is) the Dream Of Evan And Chan", uno de los tracks de su álbum Life Is Full Of Possibilities. El resultado fue tan bueno que no sólo le trajo nuevas audiencias al californiano, además, el rumor dice, llevó a Subpop ofrecerles un contrato para que produjeran un álbum juntos. Puede sonar exagerado, pero lo cierto es que en esta melodía del 2001 ya se veía todo lo bueno que podía ofrecer la unión de estos dos personajes:

Contrato discográfico o no, el hecho es que ambos músicos disfrutaron lo suficiente de la colaboración para decidirse a trabajar en conjunto. Una decisión que no cambió a pesar de la distancia, salvada, como ya se ha contado muchas veces, por los oficios del Servicio Postal estadounidense, lo que los llevó a bautizar al grupo de la misma manera.

El proceso de composición del álbum comenzaba con Jimmy enviando un CD con melodías a Gibbard, quien posteriormente editaba las mismas o agregaba nuevos instrumentos, para entonces regresar la mezcla a Tamborello. El proceso se repetía hasta que la melodía estaba lista y entonces era turno de Gibbard de componer la letra. Curiosamente, esta manera de trabajar fue, en un principio, un poco atemorizante para este último:

"Cuando le envié las primeras dos canciones de regreso, estaba petrificado. Realmente pensé que él iba a decir algo como '¿Cómo te atreves a hacerle esto a mis melodías?' Realmente no lo conocía muy bien, así que no sabía cómo iba a reaccionar".

La reacción afortunadamente fue buena y el resultado mejor, aunque hay que señalar que no fue un trabajo de dos personas únicamente. En el álbum también participó Chris Walla, guitarrista de Death Cab y un notable productor en el mundo del indie; la cantante de Rilo Kiley, Jenny Lewis, quien resultó ser vecina de Tamborello en Los Ángeles; y Jen Wood, una cantante originaria de Seattle a quien todo el mundo parece olvidar un poco cuando se trata de este disco, quizá porque colaboró sólo algunas canciones, mientras que la presencia de Lewis fue permanente incluso en el tour promocional del álbum.

El disco

Give Up está compuesto por 10 melodías llenas de guiños al pop de los años 80, samples y teclados cortesía de Jimmy Tamborello, y las letras un poco demasiado cursis de Ben Gibbard. El arranque del álbum de hecho es la parte más fuerte de la producción, con "The District Sleeps ALone Tonight" y un bonito órgano haciendo los honores. El track recuerda un poco a la primera colaboración de este par y personalmente me parece no sólo una de las mejores canciones del álbum sino de las más interesantes de la década pasada.

Por supuesto, no es de las más famosas. Ese honor lo tiene quizá "Such Great Heights", el segundo track del álbum y también sencillo de la placa, elegida además como una de las mejores canciones de la década por la Rolling Stone. Desde los primeros acordes la melodía es melcocha pura y, aunque la letra no es de lo más fino que le hemos escuchado al vocalista de Death Cab For Cutie, sí es de lo más emocional.

Gibbard ha dicho que quizá es el único tema positivo que ha escrito sobre el amor, y realmente es muy fácil sentirse enamorado y bastante feliz cuando uno la escucha. Es, además, una de esas melodías a las que es muy difícil resistirse. Recuerdo que hace algunos años me tocó ir a un concierto bastante underground y muy mal organizado que terminó comenzando por ahí de la 1 de la mañana (el inicio estaba programado a las 9 de la noche). Entre las melodías que nos acortaron la espera estaba precisamente esta, que de inmediato llamó la atención de un señor que estaba al lado mío y que tenía toda la pinta de estar ahí por algún familiar, pero con quien acabé conversando simplemente porque estaba muy interesado en saber quién tocaba esa canción, y cómo se llamaba el disco, algo que seguramente le habrá pasado a todos los que lo vieron en alguna serie de televisión, comercial o película. Porque sí, vaya que apareció en muchos espacios.

Melodías como "Sleepin In" muestran un lado un poco más relajado pero igualmente pegajoso, mientras que "Nothing Better" es prácticamente irresistible por sus juegos de voces y una que otra cursilería. También destacan en el álbum "Clark Gable", otra muestra de letra un poco cursi aligerada por la gran melodía que la viste; y "We Will Become Silhouettes", inspirada por la guerra y los sucesos del 11 de septiembre y que además fue el sencillo más exitoso de la producción, al alcanzar el número 82 de la lista de Billboard.

El final del álbum es un poco más experimental y saturado, y creo que no tiene la frescura del inicio, aunque los mejores temas del disco compensan con creces los pequeños baches de la placa. Lo curioso es que, con todo y sus imperfecciones, este disco logró colocarse como uno de los experimentos más interesantes de la década, algo que tiene mucho que ver con sus pegajosas melodías, las palabras de Gibbard, un letrista consumado, y un encanto muy pop que pocas veces puede predecirse y mucho menos cocinarse de manera intencional.

Por ello, no es tan extraño saber que, hasta octubre pasado, se han vendido 1,067, 087 copias del álbum tan sólo en los Estados Unidos, lo que lo ha convertido en el segundo álbum más vendido en la historia de la disquera Subpop, siendo aventajado tan sólo por Bleach de Nirvana. Para mí, mucho del éxito de esta producción viene no sólo de las excelentes melodías sino de la época en la que fue lanzada, pues 2003 fue un año francamente muy bueno para el indie pop. Basta recordar que ese año también tuvimos el maravilloso Chutes Too Narrow de The Shins, el Fever To Tell de los Yeah Yeah Yeahs, el Zitilites de Kashmir y hasta Transatlanticism de Death Cab For Cutie, un álbum al que le fue bastante bien en su momento, en buena parte gracias al empuje de Give Up.

Finalmente, hay que decir que al grupo no sólo le fue bien con el disco sino en la pequeña gira que armaron para promocionarlo. Se cuenta que una de las preocupaciones de Gibbard era no sólo cómo iban a recrear las canciones en sus conciertos en vivo, sino cómo se las iban a arreglar para hacer un show interesante que no sólo se centrara en "un cantante y un hombre con su laptop". La agrupación salvó este escollo realizando videos para cada una de las melodías, los cuales fueron proyectados en una pantalla ubicada atrás de los músicos. Además, el dúo contó con Jenny Lewis en los coros y el teclado, lo que le dio un aire más de banda a su actuación.

10 años después

Así que aquí estamos, 10 años después. Give Up ha logrado resistir muy bien el paso del tiempo y las incontables repeticiones, y es justo decir que todavía provoca sonrisas y bailes cuando aparece como parte de cualquier programación radial o pre-concierto. Es justo decir también que el disco ayudó a aumentar la fama de Death Cab for Cutie y a poner en el mapa el talento de Tamborello. Pero también es un ejemplo de lo que dos mentes tan creativas como las de estos músicos pueden hacer sin presiones y con las ganas de trabajar en conjunto sin un objetivo específico.

La fama del álbum también ha crecido cortesía de las declaraciones de Gibbard, quien durante años dijo que veía poco probable que hubiera otro disco de la banda, asegurando incluso que el segundo disco de The Postal Service sería el "Chinese Democracy del indie-rock. Ahora, esta reunión del grupo para celebrar la primera década de vida del disco no parece que vaya a transformarse en una nueva producción, pero quién sabe, en una de esas se animan con otra grabación. Lo que es un hecho, y ya está confirmado, es que el regreso de la banda será muy esperado, no sólo por sus declaraciones o su reticencia a hacer una segunda producción sino porque la primera y única es uno de esos discos obligatorios en la vida de cualquiera que sea fan del indie-rock. Además, es el resultado perfecto de lo que ambos querían alcanzar:

"Ambos somos realmente fans del pop. Queríamos hacer algo que fuera pegajoso y no disculparnos por ello. Hay gente que dice 'esta es la cosa más sensiblera, azucarada y gay que he escuchado en mi vida'. Pero para mí es, bueno, exactamente lo que queríamos hacer".