Canciones: «Suzanne» de Leonard Cohen

Algunas personas opinan que las musas son, en realidad, el reflejo del propio autor en la forma femenina. Otros, por otro lado, estiman que se trata de una conexión interna del propio músico o artista, interpretando su lado más “femenino” y traduciéndolo en su arte. Claro que solamente se trata de teorías, y variará de acuerdo con el caso. En esta primera edición de Canciones, donde ponemos bajo la lupa canciones históricas de la música moderna, analizaremos la relación de uno de los poetas más icónicos de la generación pasada, y su adolescente y volátil musa. Estamos hablando de Suzanne Verdal, la mujer detrás del clásico “Suzanne” de Leonard Cohen.

Leonard Cohen

Pero, por supuesto, antes de hablar de Leonard y Suzanne, habría que hablar de Leonard y las mujeres. Cohen podría ser considerado como un mujeriego, pero el caso es que nunca trató a sus compañeras –que fueron muchas- como objetos, y muchas de ellas continúan siendo sus amigas hoy en día. Es conocido su romance fallido con la estrella impulsada por Warhol, la alemana Nico, que lo motivó a escribir varias canciones a la luz de las velas en moteles baratos. Su relación con la europea Marianne Jensen, nacida en la paradisíaca isla de Hidra, en Grecia, fue inmortalizada en “So Long, Marianne”. También están en su prontuario artistas como Joni Mitchell, quien muy a su pesar, fue influenciada por el lirismo filoso e intelectual de Cohen.

Y, por supuesto, también tenemos a Suzanne. Este personaje histriónico y esotérico desplegado en las letras de la canción existió en la vida real e inspiró a Cohen a escribir la canción que terminaría por darle fama como músico. Es que Cohen venía trabajando por una década como poeta y escritor, siendo calificado como una de las voces más frescas y revolucionarias de la poesía canadiense. Nacido en el seno de una familia judía acomodada, Cohen no escapó de sus orígenes, y al contrario, incorporó elementos de la religión, con el judaísmo a la cabeza, pero también la muerte, el sexo y el onanismo (dedicándole una canción, años adelante, a un fellatio que le hizo Janis Joplin en el hotel Chelsea, como dato color).

Cohen tenía 33 años cuando decidió dedicarse a la música. En algunas declaraciones de Marianne, desde hacía años que le venía confesando que quería convertirse en cantautor. En declaraciones del propio artista, se había dado cuenta que no podía procurar su sustento con su trabajo como autor, y mantener su estilo de vida. Escribir sus volúmenes de poesía y, por otro lado, sus novelas, lo dejaban agotado creativamente. Después de escribir Beatiful Losers, su segunda novela, tuvo que ser hospitalizado después de algunos abusos de speed y hachís, y unos 10 días de ayuno. Escribir canciones era más ligero, no perdía su poesía, y podía, simplemente, tener dinero de forma más rápida.

Con la idea de despegar su carrera como cantante, Cohen partió de Montreal con destino a Nashville, planeando en su cabeza hacer un disco de música country. Sin embargo, quiso el destino –y las frecuentes distracciones de Cohen- que terminara en Nueva York, donde apeló a la bondad de una de sus conocidas canadienses, representante de artistas de folk y rock, para poder ubicar sus canciones y eventualmente grabar su primer esfuerzo. En esta época, Bob Dylan pisaba fuerte, acompañado por otros personajes como Joan Báez y Judy Collins, que instauraban el folk alternativo como expresión musical suprema y la verdadera voz de una generación. Una de las canciones que Cohen le tocó a Mary Martin, quien terminaría convirtiéndose en su representante, fue “Suzanne”. Y aquí nos tenemos que remontar algunos meses para entender la historia.

Leonard Cohen 2

Suzanne Verdal tenía 18 años cuando firmó su primer contrato de baile profesional. Era una representante de la danza contemporánea y alternativa, se casó joven, tuvo un hijo, y luego se divorció. Pero antes de hacerlo, conoció a Leonard Cohen, a quien había visto brevemente en una cafetería, pero no lo había dado demasiada importancia. Un hombre atractivo –imposible no notar las similitudes con un Dustin Hoffman desgarbado- Cohen no tenía problemas en conseguir mujeres. Había nacido en una familia con una fuerte impronta femenina, y mantenía una relación cercana con su madre (un personaje que volveremos a repetir en algunas líneas). Pero Suzanne estaba fuera de juego, al estar casada con uno de los amigos de Leonard.

Si bien la relación de Cohen y Suzanne se extendió por años, nunca pasó de la camaradería y la amistad. Ambos afirman que, desde que comenzaron a hablar, tuvieron una relación casi cósmica, donde podían adivinar sus pensamientos y estados de ánimo, y comunicarse sin necesidad de palabras. Daban largos paseos por los muelles de Montreal, escuchando nada más que el sonido de sus zapatos caminando al unísono. Tomaban té especial que Suzanne compraba en el barrio chino de Montreal, ubicado a unos pasos de su casa. Nunca fue carnal, y eso se puede sentir en las letras de "Suzanne" de Leonard Cohen.

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by
You can spend the night beside her
And you know that she's half crazy
But that's why you want to be there
(…)
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that she will trust you
For you've touched her perfect body with your mind.

Las experiencias con Suzanne fueron la principal inspiración detrás de la canción, obviamente. “Suzanne” fue una de las primeras composiciones que Leonard mostró a Mary Martin, como dijimos, y ella quedó tan emocionada por la profundidad de las letras, y lo diferente de la canción, que inmediatamente llamó a Judy Collins, una de las grandes voces del folk alternativo de la época, para ofrecerle la canción. Collins quedó encantada con Cohen después de algunas reuniones, y decidió incluirla a último momento en In My Life, un disco que se transformaría en el éxito más grande de su vida. “Suzanne” fue en gran parte el motor para este éxito, y Leonard continuó colaborando con Collins aportando canciones para sus próximos discos.

Sin embargo, Leonard estaba frustrado. Más allá del apoyo de Martin, de la fama otorgada gracias a Collins –quien también lo motivó durante sus primeras presentaciones en vivo, desastres donde la timidez de Leonard hacía que abandonara una canción a la mitad para irse del escenario- y de un sorprendente contrato de grabación con Columbia gracias a John Hammond, sentía que su carrera no estaba despegando. El éxito de “Suzanne” ya ni siquiera podía llamarse propio: accidentalmente, por no leer un contrato (su madre le dijo que tuviese cuidado con la gente en Estados Unidos y con cosas como esta, pero Leonard no quiso hacerle caso), había cedido los derechos de la canción a un aprovechador que terminó quedándose con todas las regalías y “prestando” la canción a reversiones horrorosas. Hammond terminaría siendo uno de los productores de su primer disco.

Cohen comenzó a grabar su disco con Hammond, buscando una experiencia despojada. Hammond pronto se hartó de las aspiraciones de Leonard, y suspendió por cuatro semanas las grabaciones. Cuando volvieron al estudio, el productor a cargo era el joven John Simon, quien pareció entender los pedidos de Cohen. Mientras que Hammond quería mantener las cosas bien simples –y a Leonard le parecieron demasiado simples- Simon incluyó más voces femeninas, percusión y arreglos de cuerdas –lo que a Leonard le pareció demasiado complicado para sus canciones simples-. Simon le entregó las cintas a Cohen y básicamente le dijo que, si creía que podía hacer un mejor trabajo, que lo hiciera. A esta altura, Cohen había grabado más de una veintena de versiones de Suzanne, sin sentirse del todo cómodo con los resultados. Algunos de los arreglos de Simon no pudieron ser eliminados de las cintas, por lo que “Suzanne” también muestra voces femeninas y algunas cuerdas de fondo, que agregan al espíritu de la canción. Parece que a Cohen no le habían desagradado tanto.

Verdal, por su parte, no quedó demasiado contenta con “Suzanne”. Sintió que se la estaba pintando como una loca, con su té chino y sus caminatas en silencio, pero la realidad era que, después de mudarse a San Francisco y verse imposibilitada de mejorar su carrera, regresó a Montreal. Y ya no era reconocida como Verdal, la bailarina, sino como la chica de “Suzanne”. Sin embargo, con Cohen quedaron amigos, y se continuaron viendo. Lo fue a visitar en su rancho, que obtuvo después de las grabaciones de su segundo disco de estudio, y dice que, si bien para ella su relación siempre será de una conexión más allá de lo físico, Cohen intentó acostarse con ella en una oportunidad. Es que no se le pueden enseñar nuevos trucos al perro viejo.

Muchas de las declaraciones de este post fueron tomadas del libro ‘Soy tu hombre: la vida de Leonard Cohen’, de Sylvie Simmons