Los 3 discos más importantes del siglo XX (hechos por mujeres)

El rock no siempre ha sido generoso con las mujeres. Si bien es cierto que ahora tenemos algunas exponentes cáusticas y talentosas, hace décadas esto no era una realidad. Pero por suerte, no estamos aquí ni para protestar ni para remarcar, sino para tratar otros géneros. Y para iniciar algo de debate proponiendo algunos discos seminales para la música femenina del siglo pasado. Así es, lo que vamos a proponer son los tres discos femeninos más importantes del siglo XX.

Carole James

El rol de la mujer en la música es algo que puede ser debatido durante horas. Hoy día nos podemos preguntar si las artistas que explotan su sexualidad, o por otro lado, su inocencia, son las que realmente más venden. O si, en realidad, se trata de adueñarse de la sexualidad femenina como muchos debatieron con la llegada del segundo disco de Madonna. Pero no es el lugar ni el momento, y en definitiva hablaremos de discos que preceden a Like a Virgin, y que en cierta forma allanaron su paso.

Trataremos hoy sobre lo que nosotros consideramos los tres discos femeninos más importantes del siglo XX, cada uno perteneciente a un género y una época distinta. De formas diferentes, estos discos significaron un viraje en la representación femenina en la música, y además, se colaron repetidas veces en las listas de discos más vendidos y más elogiados. Pero además, son discos de ensueño, cuidadosamente producidos. ¿Qué discos creen que además crearon un impacto en la representación femenina del siglo pasado? Y no vale decir Like a Virgin. Nos pueden dejar sus sugerencias en los comentarios.

Patsy Cline - Showcase

En 1985, Jessica Lange recibió una nominación a los premios Oscar por la película Dulces Sueños, donde retrataba la problemática vida de Patsy Cline y se concentraba, quizás demasiado, en ciertos abusos domésticos que fueron negados por prácticamente todos los familiares de la cantante. A pesar de la pobre reproducción de su vida, Dulces Sueños ayudó a reencauzar la carrera de Cline, quien, lamentablemente, estaba muerta hacía rato a causa de un accidente aéreo considerado la gran tragedia del country.

Es importante considerar que el country, no solamente ahora sino a principios del siglo pasado, es uno de los géneros más importantes de los Estados Unidos. Muchos artistas comenzaron como cantantes de country y luego hicieron su paso al mainstream agregando algunas vetas de pop. pero la primera en hacerlo fue Patsy Cline, en septiembre de 1961, con la salida de Showcase. Este sería el anteúltimo disco de Cline, quien fallecería en marzo de 1963.

Patsy Cline

Quizás muchos recuerden a Cline gracias a “Crazy”, que con el correr del tiempo sería un clásico eterno. Pero todas las canciones de Showcase son una maravilla. Gracias a este disco, Cline se convirtió en una de las voces más impresionantes del siglo XX, que marcó un antes y un después en las carreras de muchas cantantes en el futuro. Si bien tenía pocas canciones de su autoría, era su potente pero al mismo tiempo delicada voz la que la diferenciaba de las demás.

Showcase fue el segundo disco de Cline, y a diferencia de su debut, contaba con canciones que se acomodaban un poco más a la estética popular. El rock ya había hecho su entrada triunfal gracias a Elvis Presley y sus eternas Sun Sessions, pero por otro lado, el country estaba un poco estancado. Showcase, sin embargo, sirve para poner al country piernas adentro en los tiempos que corren. Comienza con la desgarradora “I Fall to Pieces”, donde la cautivante voz de Cline nos indica que nos apuntamos para todo un viaje emocional.

Otras canciones, además de “Crazy”, que vale la pena mencionar en este recorrido, son “South of the Border”, “San Antonio Rose”, y “Walkin’ After Midnight”, donde la sonoridad de la voz de Cline brilla por sobre todos los demás instrumentos. Musicalmente, el disco cuenta con algunos detalles relevantes, pero no se aleja demasiado de las líneas del country. Lo que sí hace es incorporar otros elementos del jazz y del pop sesentoso que hasta el momento no habían sido explorados en el género. Simbólicamente, convirtió a Cline en una estrella. Pero en una estrella tan solitaria y melancólica como sus canciones, donde las penas de la mujer son más que las de una simple corista.

Aretha Franklin - I Never Loved a Man the Way I Love You

En 1967, Aretha Franklin era conocida como una artista con algunos sencillos interesantes, pero siempre tratando de amoldarse a los gustos momentáneos de la audiencia. No fue hasta la grabación de su primer disco con Atlantic Records que pudo dar rienda suelta, y al mismo tiempo reinventar, el R&B con algunos toques de góspel. El resultado es un disco maravilloso, cautivante, innovador para el estándar. La Rolling Stone, que en un primer momento lo llamó un disco poco creativo, terminó incluyéndolo en sus listas de mejores discos por un buen tiempo. Y con justo motivo.

I Never Loved a Man the Way I Love You es un disco excelente puesto que permite apreciar el rango vocal de Aretha en toda su magnitud. Pero también le permite expresarse y llevar al mainstream algunos de los géneros que hasta el momento habían sido desperdiciados gracias al predominio del rock & roll. El R&B carecía de innovación por el momento, y, de acuerdo con el funcionamiento de las usinas de los grandes sellos, los sencillos se imprimían en base a canciones escritas con el único fin de transformarse en hits. Pero I Never Loved a Man the Way I Love You está hecho con diversión y amor a la música.

Aretha Franklin

Este disco incluye algunas verdaderas joyas de la música. Pero no podía ser de otra manera: debemos dedicar a este párrafo a “Respect”, una de las canciones más aclamadas de Aretha. Originalmente escrito por el gran Otis Redding, Aretha decidió darle un toque personal. El deletreo que escuchamos con el tan conocido R-E-S-P-E-C-T da rienda suelta a todo su góspel y no está presente en la versión original. Es también un grito de batalla propio para los años ’60 en los Estados Unidos, donde el inconformismo social era moneda corriente. Blancos y negros por igual pudieron identificarse (y bailar) con las canciones de Aretha.

Pero una única canción no puede llevar adelante un disco, y hemos visto demasiados ejemplos al respecto. I Never Loved a Man the Way I Love You es un disco sólido, donde Aretha mantiene una libertad creativa en lugar de dejarse llevar. Y a pesar de los tintes románticos del título, es también un disco amargado, donde le canta al amor que la engaña en la canción homónima. “I Never Loved a Man (The Way I Love You)” fue grabada junto a los todo-blancos Muscle Shoals del sur de Estados Unidos, una situación cáustica que terminaría, sin embargo, dándole a Aretha uno de sus primeros top 10.

“Dr. Feelgood” nos demuestra todas las intenciones góspel de la cantante, mientras que “Do Right Woman, Do Right Man” es sencillamente una maravilla. I Never Loved a Man the Way I Love You es uno de los discos femeninos más importantes del siglo pasado por derecho propio, y demostró que los géneros negros y bailables también podrían simbolizar algo socialmente. Algo que después sería más que bien expresado por Marvin Gaye y su What’s Going On y por el talentoso y ahora maltrecho Sly Stone en Stand!.

Carole King - Tapestry

Antes de lanzarse a la fama como cantautora –como la primera y legítima cantautora, creo- Carole King hacía sencillos. Era un negocio próspero, verán: participó de la época dorada del Brill Building junto a su marido, Gerry Goffin, componiendo algunas canciones de éxito para que las cantaran otras personas. Pero esta chica tenía mucho más para dar. Y casi una década después de iniciarse como compositora profesional, en 1971, King se mantuvo durante 15 semanas en la lista de los discos más vendidos gracias al maravilloso Tapestry. Y con este disco, además, se iniciaría el ascenso a la popularidad del intimismo de las canciones femeninas.

Podríamos debatir esto un buen rato y decir que Joni Mitchell tuvo una influencia mucho más grande. Pero en 1970, Mitchell todavía seguía coqueteando con el folk, aunque faltaría poco para sus más grandes éxitos comerciales. King, por otra parte, venía del pop, y por ende no podía escapar de ello en sus canciones. Sin embargo, la vuelta de tuerca que se puede encontrar en Tapestry es magnífica.

Carole King

El rock, al menos en 1960, tenía la mala suerte de estar asociado a un cierto perfil juvenil. Hasta los Beatles no pudieron escapar de su asociación con jóvenes gritando y bailando. Pero la música de Carole King estaba orientada justamente a aquellos jóvenes que habían dejado de serlo. Para 1970, King ya había superado un divorcio, que, por más amigable que fue, dejó la impresión de un hogar destruido e hijos pequeños por criar en hogares separados. Por ende, las canciones de King tienen un cierto aire de amargura despojada pero esperanzadora.

Hay que aclarar que las canciones de Tapestry no son austeras. Para nada. Pero no se comparan con las habilidades masturbatorias de los ejercicios de guitarra que se terminarían transformando en el emblema de los ’70. Al contrario, son breves pero efectivas, como la melancólica “It’s Too Late”, el sencillo que terminaría conquistando a todos. Pero, además, demostró que el rock no solamente no era cosa de chicos, pero sobre todo, no era cosa de chicas. Las mujeres maduras, con una familia, también podían ser excelentes compositoras.

Y así también creó el estereotipo de cantante pop, aunque por suerte, este género de cantautoras de los ’70 puede encontrar su máximo exponente en King. Después de Tapestry editaría otros álbumes importantes, pero este seguiría siendo su elepé más vendido y reconocido gracias a una intimidad inusitada, nunca antes vista en las canciones de la época, y que termina transformando a Tapestry en uno de los discos femeninos más importantes del siglo pasado.